SIN INDUSTRIA NO HAY DESARROLLO: GREMIOS DE LA CSIRA PROPONEN UN GRAN ACUERDO NACIONAL ANTE LA SEVERA CRISIS DEL SECTOR PRODUCTIVO

EN EL MARCO DEL DÍA DE LA INDUSTRIA, SINDICATOS NUCLEADOS EN LA CSIRA PRESENTARON EN LA CGT UN ALARMANTE DIAGNÓSTICO SOBRE LA DESTRUCCIÓN DEL ENTRAMADO MANUFACTURERO. FRENTE A LA PÉRDIDA DE MÁS DE 97 MIL PUESTOS DE TRABAJO FORMALES, PROPONEN UN PACTO ESTRATÉGICO ENTRE EL ESTADO, TRABAJADORES, EMPRESARIOS Y EL SECTOR CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO PARA RECUPERAR LA SOBERANÍA PRODUCTIVA Y GARANTIZAR SALARIOS DIGNOS.




En un nuevo Día de la Industria, signado por un contexto económico hostil para la producción local, el histórico Salón Felipe Vallese de la Confederación General del Trabajo (CGT) fue el escenario de una contundente demostración de unidad y propuesta por parte del movimiento obrero. Allí, dirigentes y referentes de los diversos gremios que componen la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA) presentaron el documento final surgido del estratégico encuentro realizado el pasado 28 de agosto en la ciudad de Cañuelas.


El cónclave sindical dejó un mensaje insoslayable que atraviesa todo el documento: "Sin Industria no hay desarrollo nacional; sin educación y tecnología no hay industria competitiva; y sin trabajo digno y mejores condiciones de vida, el crecimiento industrial pierde su sentido".





Radiografía de una crisis profunda


El documento sindical parte de una premisa ineludible: la industria es la columna vertebral del desarrollo argentino, representando históricamente el 18% del PBI, generando 2,5 millones de empleos directos y concentrando cerca de la mitad de la inversión privada en investigación y desarrollo. Sin embargo, el panorama actual es crítico.


Los datos expuestos en el informe son contundentes y reflejan la magnitud de la recesión: entre 2023 y 2025, la actividad industrial se desplomó un 7,9%. La parálisis en las fábricas es evidente, con una utilización de la capacidad instalada que en junio de 2026 marcó apenas un 59,1%. En términos reales, esto significa que 4 de cada 10 máquinas en el país están apagadas.


El impacto social de este retroceso es aún más grave: entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se destruyeron 97.312 puestos de trabajo industriales registrados, y 4.020 empresas manufactureras dejaron de registrar trabajadores, empujando al cierre de persianas o a la informalidad.





Los cuatro ejes para la reconstrucción industrial


Frente al diagnóstico de crisis, el movimiento obrero no se limitó al reclamo, sino que estructuró un plan de acción dividido en las cuatro áreas de debate que marcaron el encuentro de Cañuelas:


1. Defensa de la Educación Técnico Profesional


El primer panel advirtió sobre el impacto negativo del recorte de recursos destinados al INET y al Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional. Los gremios sostienen que sin formación no hay industria fuerte. Por ello, exigen recuperar el financiamiento, actualizar los contenidos frente a los desafíos de la automatización y establecer un modelo tripartito de formación (Estado-sindicatos-empresas). Además, se reclamó potenciar el rol de los centros de formación profesional sindicales con certificación de competencias.



2. Calidad de vida y derechos laborales en el centro


El objetivo de producir más debe traducirse en vivir mejor. Los gremios industriales remarcaron que el crecimiento económico solo es sostenible si derrama en quienes trabajan. Las propuestas centrales incluyen la urgente recuperación del poder adquisitivo, la defensa irrestricta de las negociaciones colectivas y de las obras sociales, y el combate contra el empleo no registrado. Asimismo, se planteó la necesidad de modernizar los derechos laborales garantizando el derecho a la desconexión, la regulación del trabajo en plataformas digitales, el impulso a la participación de las mujeres en el sector y un Salario Mínimo Vital y Móvil que cubra las necesidades reales de una familia.



3. Inteligencia Artificial y Productividad con rostro humano


Ante el avance de la automatización y la robotización, el tercer eje del documento aborda la necesidad de una "transición tecnológica justa". Lejos de rechazar la innovación, los trabajadores proponen crear un Plan Argentino de Inteligencia Artificial que ponga la tecnología al servicio del desarrollo nacional y no como mera herramienta de flexibilización. Se exigió que decisiones críticas —como despidos, contrataciones o sanciones— nunca sean ejecutadas exclusivamente por sistemas automatizados.



4. La batalla cultural: comunicar la industria argentina


El cuarto panel desmitificó la falsa creencia de que Argentina "solo produce materias primas, dulce de leche y biromes". El informe resalta la enorme capacidad del país, que hoy fabrica satélites, reactores nucleares, acero, aluminio, maquinaria agrícola, vehículos, buques y tecnología agropecuaria, entre otros bienes complejos. Para combatir este desconocimiento, se propuso construir una estrategia de comunicación articulada entre gremios, empresas, universidades y el sistema científico, formando voceros que defiendan el valor estratégico de lo "Hecho en Argentina".






Hacia un Proyecto Nacional y un Gran Acuerdo Industrial


Como conclusión política y estratégica, el documento de la CSIRA es un llamado a la acción inmediata. Argentina necesita imperiosamente recuperar un proyecto de desarrollo centrado en la producción y la agregación de valor, aprovechando los recursos naturales para transformarlos en empleo de calidad.


Para alcanzar este objetivo, los sindicatos proponen un Gran Acuerdo Nacional que siente en la misma mesa al Estado, los trabajadores, el sector empresario y el entramado científico-tecnológico. Este acuerdo debe priorizar el fortalecimiento del mercado interno, la consolidación del Mercosur y el impulso a sectores estratégicos como el GNL, el litio, la electromovilidad, y las industrias automotriz, naval, satelital y nuclear. Asimismo, exige revitalizar organismos clave como el INTI, el INTA, la CNEA y el CONICET, vinculándolos directamente con las PyMEs y los polos tecnológicos de todo el país.


El mensaje final que resonó en el Salón Felipe Vallese dejó trazada la hoja de ruta del movimiento obrero: la industria no es solo un sector económico, es la principal herramienta para garantizar soberanía, producción, empleo y, sobre todo, justicia social.









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