SANCOR: EL RELOJ DE LA JUSTICIA ATRASA Y ATILRA SE PLANTA PARA FRENAR EL HAMBRE DE LAS FAMILIAS

MIENTRAS LA BUROCRACIA JUDICIAL DUERME EN EXPEDIENTES Y LOS EMPRESARIOS ESPECULAN, CIENTOS DE OPERARIOS DE LA EX COOPERATIVA ENFRENTAN UN ESCENARIO LÍMITE SIN SUELDOS NI COBERTURA DE SALUD. EL GREMIO LECHERO, QUE HASTA HOY SOSTUVO A LOS TRABAJADORES EN ABSOLUTA SOLEDAD, ADVIRTIÓ QUE LA PACIENCIA SE TERMINÓ Y QUE EL GRITO DE AUXILIO PODRÍA CONVERTIRSE EN UN PARO DE TODA LA INDUSTRIA NACIONAL.





En los pasillos de los tribunales, el tiempo se mide en fojas, apelaciones y plazos procesales. Pero en las mesas de cientos de familias lecheras, el tiempo se mide en platos vacíos. Ante la alarmante pasividad del sistema judicial, la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) ha decidido alzar la voz y marcar un límite definitivo: las dilaciones en el proceso de venta de los activos de SanCor están empujando a los trabajadores "a las puertas del hambre, la desesperación y el descontrol".

A través de un duro y necesario comunicado de su Consejo Directivo Nacional, el gremio puso sobre la mesa una verdad incómoda que muchos sectores de poder prefieren ignorar: la Justicia parece tener los ojos vendados para los que trabajan, pero bien abiertos para los que especulan.



La trinchera del gremio y la crueldad del abandono


La agonía de SanCor no es nueva, pero la crueldad del último tramo asusta. Hablamos de operarios que llevan nueve años soportando el desguace de la empresa, cobrando a cuentagotas y poniendo el cuerpo en una línea de producción fantasma.

Cuando la Superintendencia de Servicios de Salud, en un acto de absoluta insensibilidad, decidió dejar a estas familias sin cobertura médica en medio del concurso, fue ATILRA quien se puso la crisis al hombro. El sindicato asumió el rol que el Estado y la patronal abandonaron, volcando sus propios recursos para garantizar la comida y la salud de sus afiliados.

Pero la solidaridad tiene límites materiales. "La asistencia económica solidaria que veníamos sosteniendo hoy se encuentra agotada", reconoció el gremio con crudeza. Es la dolorosa admisión de una organización sindical que dio todo de sí misma para proteger la dignidad de su gente, mientras los dueños del capital miraban para otro lado.


El ajedrez de guante blanco que asfixia a los trabajadores


El decreto de quiebra en abril de 2026, motivado por un pasivo insalvable de más de 120 millones de dólares, debía ser el punto de partida para una solución definitiva. Con una base fijada en 52,1 millones de dólares por seis plantas operativas y valiosas marcas, diez grupos inversores mostraron los dientes para quedarse con el botín.

Pero entonces, apareció la chicana legal. Un recurso presentado por Fidulac SA (firma ligada al empresario Gustavo Scaglione) encontró rápido eco en la Cámara de Apelaciones de Rafaela, que en julio de este año frenó la licitación.

Para ATILRA, la lectura es clara y contundente: mientras la Justicia se toma sus cómodos tiempos para analizar "mecanismos técnicos", los grupos de poder tejen alianzas y juegan al desgaste. Especulan con el precio de los fierros y las marcas, olvidando convenientemente que detrás de esos activos hay seres humanos desesperados por recuperar su trabajo y cobrar lo que legítimamente les corresponde. Es un daño pecuniario y social que el gremio califica, con justa razón, de "irreparable".


La fuerza de la unidad: el aviso a toda la industria


"Seguramente también comprenderán que no permaneceremos de brazos cruzados", reza el final del comunicado de ATILRA. No es una amenaza; es el instinto de supervivencia de un movimiento obrero que no va a permitir que sus compañeros caigan en la indigencia por culpa de la desidia de jueces y empresarios.

El sindicato ya avisó que ejercerá su derecho constitucional de marchar y manifestarse. Y lo hizo con una advertencia que debería hacer temblar a las cámaras empresariales: la lucha de SanCor no es aislada. ATILRA está dispuesta a movilizarse "con el conjunto de las y los trabajadores de toda la actividad".

Si la Justicia y los especuladores no aceleran los tiempos y ofrecen una salida urgente, no será solo una planta la que levante la voz. Será la industria láctea entera, a lo largo y ancho del país, la que se plante para demostrar que la dignidad de las familias de SanCor no se negocia en ningún tribunal.


EL COMUNICADO OFICIAL DE ATILRA: 




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